Como coach y mentora del despertar espiritual, constantemente recibo consultas de personas preocupadas porque no han encontrado su proposito de vida.

Sí, ciertamente sé lo angustiante que puede llegar a ser no saber cual es tu propósito, pues yo también me sentí así cuando atravesé mi propia crisis existencial.

En mi opinión, uno de los factores principales por los cuales tanta gente no encuentra su propósito de vida es porque realmente no saben qué es el propósito, tienen ideas erróneas y hay muchas malinterpretaciones al respecto, en gran parte promovidas por los falsos mitos acerca del propósito de vida que circulan por internet y las redes.

Falsos mitos que quiero aclarar en este post para que tengas una idea más realista y veraz de lo que el propósito realmente es.

Todas las dudas que puedas tener concernientes al propósito de vida deben ser resueltas hoy mismo, pues, mientras no halles tales respuestas, puedes sufrir mucho debido a ello. Mientras no halles las respuestas correctas, puedes sentir que “tu vida pende de un hilo muy fino”, un hilo que puede romperse en cualquier momento llevándote a una sensación de vacío interior abismal. Al menos, así fue como me sentí yo en su momento.

El objetivo de este post es compartir contigo todo lo que he aprendido a través de mi propia experiencia en lo relativo al propósito de vida:

  • ¿Qué es el propósito de vida?
  • ¿Por qué debes encontrar tu propósito de vida?
  • ¿Cómo puedes encontrar tu propósito de vida?
  • ¿Qué te aleja de él?
  • ¿Qué consecuencias tiene vivir sin un propósito de vida?

A todo esto y mucho más intentaré darte respuestas, compartiendo contigo mi humilde experiencia y aprendizajes a lo largo del camino espiritual difícil y profundo, pero también apasionante, que llevo años recorriendo.

 

¿Qué es el propósito de vida?

 

El propósito de vida es simple y llanamente ser feliz.

Da igual lo que hagas, a qué te dediques, con quien estés, donde vivas o como emplees tu tiempo, mientras seas verdaderamente feliz.

Pero claro, ser feliz, tiene muchos matices y condiciones previas para lograr este requisito (o meta), que, seamos honestas, muy pocas personas logran alcanzar debido a la falta de conocimiento de como lograr ser feliz verdaderamente.

A lo largo de este post irás entendiendo con más profundidad porqué el propósito de vida está tan íntimamente relacionado con el despertar espiritual.

Para que te hagas una idea más amplia…

El propósito de vida es:

  • Ser feliz, vivir tu vida en paz y armonía.
  • Despertar espiritualmente y realizar la verdad última.
  • Conocerte a ti misma a un nivel profundo y lograr el dominio de tu mente.
  • Libertarte completamente del sufrimiento.
  • Cumplir con tu misión.
  • Algo que da sentido a tu existencia.
  • Seguir un llamado, esa voz de tu intuición que te susurra al oído que hagas algo en particular, o sigas un camino, y tú sabes que debes hacer.
  • Algo que, si no lo realizas, hace que te sientas vacía e incompleta.
  • Esa razón de vivir que se ha convertido en un motor, en algo que hace que te levantes con energía y motivación cada mañana.
  • Amar incondicionalmente, sin límites, sin poner condiciones al amor hacia otras personas, seres vivos o al planeta. Que el amor brote de tu interior como una fuente inagotable.
  • Algo que te hace inmensamente feliz porque te apasiona dedicarte a ello.
  • Algo que te aporta energía, fuerza, vitalidad y unas ganas inmensas de vivir.
  • Algo mediante lo cual ayudas a otras personas, al planeta o la sociedad.
  • Algo que no haces por obligación, lo haces simplemente porque eso da sentido a tu vida, sin esperar nada a cambio, pese a que a veces, incluso, puedas ser remunerada por ello.
  • Algo que harías, aunque te jubilaras o no te pagaran por ello, pues el motor principal de ello no es de naturaleza lucrativa ni material.
  • Algo que realizas, no desde el ego, para obtener riqueza, fama, reconocimiento o éxito, sino por el puro placer de contribuir y hacer felices a otros, dejando de lado tus intereses egoístas.

Tal y como ves, el propósito de vida tiene un sentido muy amplio, el cual debes entender correctamente para no malinterpretar su profundo y verdadero significado, el cual pertenece a una dimensión totalmente existencial.

 

Las dos dimensiones del propósito: profesional y espiritual

 

Muchas personas reducen el significado de “propósito de vida” a una dimensión meramente profesional, pero, bajo mi propia experiencia, esa aproximación se queda corta, en comparación con su profundo alcance verdadero.

 

Dimensión profesional

 

La asociación más común de la gran mayoría de personas acerca del propósito de vida es que, tener un propósito de vida:

  • Es hacer lo que te gusta.
  • Es dedicarte a algo que te apasiona.
  • Es hacer algo para lo cual tienes un don o talento especial.
  • Es dedicarte a algo que te ha gustado de toda la vida, incluso cuando eras niña.

Y sí, esto es bastante cierto, pero no lo es todo.

Estoy segura que conocerás a muchas personas que se dedican a lo que les gusta, y, sin embargo, no son plenamente felices.

Y también habrás oído hablar de famosos y personas que hicieron realidad sus sueños, y, sin embargo, no fueron felices.

Por ejemplo, Michael Jackson, gran y reconocido músico y artista, murió de forma misteriosa y dramática, a causa de la ingesta de un analgésico al que era adicto; Whitney Houston, la reina del soul pop, otra gran cantante, actriz y compositora, murió ahogada en su bañera víctima de sobredosis de alguna sustancia narcótica; Robin Williams, renombrado actor ganador de numerosos premios Oscars, Grammys, Emmys y Globos de oro, acabó con su vida ahorcándose, además, siempre tuvo grandes problemas de adicción al alcohol y las drogas.

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Esta imagen refleja el deterioro de Withney Houston, quien murió con tan solo 48 años de edad después de haber alcanzado la más alta cima del éxito. Esto demuestra que el dinero y la fama no lo son todo a menos que no se tenga un fuerte propósito de vida.

 

Todos sabemos que éstos artistas amaban su profesión, eran brillantes y tenían un talento indiscutible.

Sin embargo, ¿qué les faltaba para que sus vidas fueran completamente plenas?

En mi opinión, está claro, les faltaba algo de naturaleza existencial: el desarrollo de su ser espiritual.

Podían tenerlo “todo” a nivel material: fama, dinero, éxito, poder, belleza… Pero la verdadera felicidad no se obtiene con el logro de metas materiales, sino que se obtiene haciendo un viaje hacia el interior de nosotros mismos y, encontrando allí, toda la dicha, paz, plenitud y felicidad que tanto anhelamos.

Sin hacer este viaje de regreso a ti, todo lo demás será vano. Vivirás eternamente insatisfecha.

El requisito esencial para que tu propósito de vida sea verdaderamente tu propósito es que seas verdaderamente feliz y te sientas satisfecha con tu vida, no solo realizando esa actividad o trabajo concreto, sino también, encontrando un bienestar y equilibrio en todas las áreas de tu vida.

Es decir, no solo debes sentirte plenamente realizada en el ámbito profesional, sino también en las áreas:

  • Personal
  • Familiar
  • De pareja
  • Relaciones
  • Estilo de vida
  • Y por supuesto, ¡la profesional!
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El propósito de vida no solo afecta al área profesional, sino también a otras áreas.

 

El propósito de vida es el pegamento que une todas estas áreas, convirtiéndolas en un todo indisoluble, haciendo que unas tengan sentido gracias a las otras.

Así:

Tu vida profesional tiene sentido, en parte, gracias a tu vida familiar.

(Dicho en otras palabras, esto quiere decir que eres feliz en tu trabajo, gracias a que eres feliz con tu familia. Si tus relaciones familiares no fueran bien, esto te afectaría también en tu parte profesional).

Tu vida de pareja, tiene sentido, en parte, gracias a tu vida personal.

(Dicho en otras palabras, te sientes bien con tu pareja y sois felices juntos, en la medida en que tú estás bien contigo misma a nivel de autoestima, confianza, gestión de tus emociones, capacidad de comunicarte asertivamente o en la medida que puedes controlar tu mente cuando se producen situaciones que no te gustan).

Tu vida personal y profesional tienen sentido, en parte, gracias al estilo de vida que vives y las relaciones sanas y positivas que mantienes.

(Dicho de otro modo, te sientes bien contigo o en tu profesión, en la medida en que también eres feliz con el estilo de vida que llevas y te rodeas de personas que son sanas y te hacen sentir bien. Si vivieras un estilo de vida diferente al que quieres, por ejemplo, desearas trabajar online en vez de presencialmente, desearas pasar más tiempo en la naturaleza, viajar más o tener más tiempo para ti, pero no dispones de él…. Eso también te iría afectando en tu vida personal o laboral, pues se traduciría en mayores niveles de estrés, frustración o insatisfacción).

¿Entiendes que todo influye y todo está interconectado?

Espero que quede claro que llegar a ser “lo que siempre soñaste ser”, no te conducirá sine qua non a la realización personal que buscas.

¿Qué sentido tiene ser médico, pintor, escritor, líder espiritual, profesora de yoga o adiestradora de caballos… si sigues enfadada con la vida, insatisfecha, viviendo con miedo, odiando, frustrándote o viviendo resentida con los demás?

¿Qué sentido tiene “dedicarte a lo que amas” si vas a trabajar cada día estresada, si te quejas de tu horario, de que no tienes tiempo para ti, si te irritas cada mañana cuando encuentras un atasco de tráfico y llegas tarde a la oficina, si llegas a casa y te sientes saturada por las responsabilidades familiares o si no puedes compartir tiempo de calidad con tu pareja?

¿Cuántas personas conoces que se dedican a lo que supuestamente les gusta y, sin embargo, tienen o han tenido depresión, ansiedad, neurosis, estrés, cáncer y otros tipos de trastornos físicos y mentales?

Así pues, tu propósito de vida es:

  • Dejar de enfadarte
  • Dejar de estresarte
  • Dejar de agobiarte
  • Dejar de ser impaciente
  • Dejar de odiar
  • Dejar de ser negativa
  • Dejar de hacer todo, absolutamente todo lo que te hace daño y te perjudica y haga daño a los demás.

¿Comprendes?

Estar satisfecha a nivel profesional es esencial. Con eso tendrías “una pata” de la mesa, pero te faltarían más patas para que la mesa se aguante completamente…

Y esas otras patas para que la mesa se aguante completamente, es decir, para que tu vida se sostenga y tenga unos buenos pilares, te las aportará la satisfacción en el resto de áreas de tu vida.

Entonces sí, vivirás una vida llena de propósito.

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Hacer lo que amas profesionalmente te ayuda a vivir una vida llena de propósito. (Imagen de Tetiana Shyshkina para Unsplash)

 

Vamos a seguir entendiendo esto a través de un ejemplo.

Imagina que desde pequeña siempre te gustaron los animales, y quisiste convertirte en veterinaria. Has logrado hacer tu sueño realidad. ¡Bravo! Finalmente estudiaste la carrera de veterinaria, y al cabo de un tiempo, conseguiste trabajo en una clínica con animales.

Pero no todo es perfecto. Pese a haber logrado “el sueño de tu vida”, no estás plenamente satisfecha. En el fondo, no vas del todo a gusto a trabajar. No estás del todo contenta con el funcionamiento de la clínica, con el horario que tienes o con el sueldo que cobras.

Imagina que sientes que, para todas las horas que le dedicas, no te compensa, pues, durante la semana, llegas muy tarde a casa y te queda poco tiempo para ti. Además, a ti te gustaban los animales, pero también tienes que realizar otras tareas de atención al público y limpieza que no te acaban de convencer. Total, que no estás contenta. Te encantan los animales, sí, pero una vez has acabado trabajando en esa clínica, te das cuenta que no eres del todo feliz…

Análisis de esta situación:

Ser veterinaria, per se, no te hace feliz, por mucho que ese fuera el sueño de toda tu vida.

Para ser plenamente feliz, además de dedicarte a curar animales, pues es lo que realmente amas, es necesario que se reúnan otras condiciones, como, por ejemplo:

  • Que sientas un equilibrio mental interior y una buena salud mental (es decir, que vivas sin estrés, en armonía, en control de tu mente y tus pensamientos, sabiendo digerir y controlar tus emociones, desarrollando una mente positiva, sana, tolerante, respetuosa, amorosa…)
  • Que el horario de trabajo te satisfaga.
  • Que tu sueldo te haga sentir que eres bien recompensada económicamente por la labor y tiempo que dedicas a tu trabajo.
  • Que sientas que ese trabajo te permite vivir con el estilo de vida que deseas (como por ejemplo, tener tiempo para tu familia, para viajar, hacer deporte, leer o descansar…)
  • Que sientas que estás alineada con los valores de tu empresa, pues, en el caso de que éstos sean diferentes, no te sentirás a gusto o te sentirás mal por estar apoyando iniciativas poco éticas de tu empresa…
  • Que la distancia a tu lugar de trabajo sea relativamente cercana, y no tengas que destinar mucho tiempo diariamente viajando en coche o en transporte público, lo cual te puede ir “quemando” poco a poco en caso que sientas que pierdes demasiado tiempo en desplazamientos…
  • Etc.

Es evidente que lograr que reunir todas las condiciones que necesitas para sentirte totalmente plena no es fácil, y no se consigue de un día para otro. La clave está en que vayas dando pasitos, acercándote día a día, al estilo de vida que realmente te hace feliz y da sentido a tu vida.

Hay veces que todos los “ingredientes” de la felicidad están presentes en un tiempo relativamente corto y puedes afirmar que eres feliz.

Y en muchas otras ocasiones, las personas sienten que para ser feliz todavía “les falta esto o aquello otro”.

Reflexionemos.

¿Qué es lo que hace que unos se sientan plenos y otros no? ¿Qué es eso que hace que unos se sientan felices y otros no?

¿Por qué hay personas que, viviendo vidas humildes, en casas humildes y con trabajos humildes son felices, y en cambio, hay personas que, ganando mucho dinero, viviendo en casas lujosas, haciendo un trabajo que supuestamente aman y disponiendo de libertad y tiempo para viajar o hacer lo que les gusta, y sin embargo, no son felices?

¿Es suerte o destino? ¿Es que unas personas son más afortunadas y a otras todo les sale mal en la vida? ¿Es el azar, la mala suerte, o que cada una crea su vida con sus acciones y decisiones?

Así pues, ¿cuál es la clave de la felicidad? ¿Qué elemento nos falta para vivir una vida llena de propósito?

Vamos a verlo.

Es aquí donde entra en juego la dimensión espiritual del propósito.

 

Dimensión espiritual

 

La dimensión espiritual hace referencia a la necesidad de encontrarle un sentido a tu vida desde una visión profunda, humana y existencial, lo cual se logra iniciando un viaje espiritual de auto-conocimiento basado en la auto-observación y enfocando tu vida en servir a los demás, más que en servir a tus propios intereses.

Vamos a ir desarrollando, parte por parte, qué quiere decir todo esto y, además, te voy a aclarar muchos otros aspectos concernientes a la dimensión espiritual del propósito.

 

Encontrar el sentido a tu vida desde una visión profunda, humana y existencial

 

¿Qué sentido tiene levantarse cada día de la cama? La respuesta a esta pregunta es la que debes encontrar en lo más profundo de tu ser.

Encontrar el sentido a tu vida es tener un gran PARA QUÉ. ¿Para qué vivo? ¿Para qué me levanto cada día? ¿Para qué existo?

Es decir, encontrar el sentido a tu vida es tener un gran motivo por el cual levantarte cada mañana y existir en el mundo haciendo algo que realmente merezca la pena, te llene y te haga verdaderamente feliz.

Dicho de otro modo, significa tener un motor de vida que siga moviéndose día a tras día, sin parar, independientemente de tu estado de ánimo, de tus circunstancias externas, del clima, del día de la semana en que estés, del trabajo que tengas, de tu situación económica, de tu estado de salud, tu edad o de las personas que te rodeen.

Cuando el motivo por el cual levantarse es pequeño, insignificante y banal, cuesta mucho levantarse de la cama, dura poco la motivación, la llama del fuego se apaga pronto tal y como habrás comprobado en algunos momentos y días de tu vida, o tal y como me pasó a mí cuando entré en depresión debido a una fuerte crisis existencial.

¿Para qué levantarse si, total, tu vida es aburrida, está vacía, llena de frustración, insatisfacción y dolor?

Ante un panorama así, claro está, la vida no tiene ningún sentido. No hay ninguna razón de peso por el cual esforzarte, superarte o luchar, ¿verdad?

En cambio, cuando tienes un motivo grande por el que vivir, te levantas cada día dispuesta a lograr la felicidad verdadera, dispuesta a ser mejor persona, a llevar amor a todas las personas y rincones del planeta, a hacer felices a los demás, a aliviar el sufrimiento de los seres, a luchar por los que no tienen voz, ni derechos, ni voto, a contribuir para crear un mundo más justo, solidario, consciente y saludable para todos los seres que habitamos en él.

Un fuerte motor de vida se despierta en ti.

Ya no te levantas meramente con fines egoístas, sino que te levantas porque hay seres ahí fuera, en el mundo, que te necesitan. Pero, sobre todo, porque has comprendido que, para ayudar a los demás, primero tienes que ser capaz de ayudarte a ti misma.

Esto implica que le encuentres un sentido a tu vida:

  • Desde una visión profunda, no superficial.
  • Desde una perspectiva humana, no inhumana, frívola, pasiva, insensible o cruel.
  • Desde una perspectiva existencial, no materialista y ajena a los anhelos de tu ser más profundo, el cual necesita ser parte de algo más grande y trascendente que los límites de tu propio cuerpo.

Solo así, la vida tiene verdadero sentido.

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El propósito de vida llega cuando estás dispuesta a servir y ayudar a los demás, por encima de tus propios intereses, como este padre cuidando de su hijo discapacitado.
(Foto de Nathan Anderson para Unsplash).

 

Así pues, tal y como comprenderás a lo largo de este post, no es que la vida no tenga sentido (incluso en los momentos más dolorosos), es que tú no se lo has encontrado porque tu ignorancia humana no te ha permitido ver más allá de donde veías hasta ahora, ¡pero lo tiene!

  

Encontrar el sentido a tu vida requiere emprender el camino espiritual de auto-conocimiento basado en la auto-observación.

 

¿Por qué no eres plenamente feliz? ¿Por qué no has encontrado tu propósito de vida? ¿Por qué no te sientes plenamente realizada? ¿Por qué te enfadas, te frustras, sufres o estás insatisfecha? ¿Por qué sientes rabia, miedo, odio o resentimiento? ¿Por qué no estás viviendo la vida que siempre soñaste vivir?

La respuesta es muy sencilla: porque no te conoces a ti misma.

Vives en un cuerpo y en una mente, de los cuales no sabes nada.

Eres inquilina de un sistema psico-físico del cual desconoces su verdadero funcionamiento.

Para conquistar tu vida, debes conquistar tu mente y tu cuerpo.

Y para ello, debes aprender cómo funcionan.

En esto consiste el camino espiritual de auto-conocimiento, en llegar a conocer, a través de tu propia experiencia quien eres, qué es, y como funciona eso que llamas “cuerpo” y “mente”.

Conocer el funcionamiento verdadero de tu ser, no es posible meramente mediante el conocimiento intelectual del mismo.

No se trata de coger libros de biología y psicología y estudiártelos todos.

Puedes saber mucho a nivel intelectual y conceptual, y seguir siendo altamente ignorante a nivel de experiencia directa.

La verdad de lo que eres, la debes experimentar directamente, a través de tu experiencia, sintiendo en cada poro de tu piel y de tu ser dicha verdad.

Por eso es necesario el ingrediente que te comentaba más arriba: la auto-observación.

Para saber quien eres, qué es y como funciona tu sistema psico-físico debes desarrollar la actitud de un científico: observar con escrupulosa atención todos los fenómenos en los cuales participan el cuerpo y la mente. Es decir:

  • Tu respiración
  • Cada una de las partes de tu cuerpo
  • Los movimientos corporales
  • Tus sensaciones corporales
  • Tus pensamientos
  • Tus reacciones
  • Tu estado mental o emociones que afloran
  • Como la información llega a ti a través de las puertas de los seis sentidos
  • Y un largo etcétera

Tal vez te estarás preguntando. ¿Y cómo puedo aprender esto?

El camino que a mí me ha ayudado a hacer esto, a comprender quién soy, a conocer mi mente y mi cuerpo y la realidad que rige es universo ha sido la meditación vipassana, y te recomiendo mucho que te informes sobre ella y le des una oportunidad para dejarle entrar en tu vida.

Cuando te dediques a observar objetiva e imparcialmente los fenómenos de tu cuerpo y de tu mente con total ecuanimidad durante un día, una semana, un mes, un año, dos años, cinco años, siete años… con constancia, con práctica, con esfuerzo, con diligencia… empezarás a conocerte a ti misma.

No antes.

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Conocerte a ti misma, dedicando tiempo a la auto-observación y la introspección es esencial para encontrar tu propósito de vida.
(Imagen de Sage Friedman para Unsplash)

 

Insisto, si no te conoces a ti misma, ¿como vas a conquistar tu vida? ¿qué propósito va a tener tu vida si no sabes nada, o muy poco de ti?

 

El peligro de enfocarse en metas transitorias, materiales y de poca profundidad existencial

 

Como hemos visto antes, la profesión, per se, no llenará tu vida, si el resto de áreas, flaquean, o son un verdadero desastre.

Levantarte cada mañana para satisfacer metas enfocadas en el logro del éxito, el reconocimiento social, la riqueza o el bienestar material (como, por ejemplo, estudiar una carrera, comprar una casa, formar una familia, ir al gimnasio para mantenerte en forma, montar una empresa, disfrutar de la vida saliendo con los amigos o yendo al teatro…), tampoco te hará verdaderamente feliz, si ocupándote de todo eso, descuidas tu parte personal, emocional y espiritual.

¿Por qué todo esto no es un gran PARA QUÉ, no es motivo suficientemente grande para vivir y ser plenamente feliz?

Básicamente porque el virus de la codicia, el odio y la ignorancia vive en las profundidades de tu mente, y por muchos objetivos que logres, éstos no satisfarán tu anhelo de ser feliz y libre, y seguirás siendo esclava de tu propia mente.

Esta mente codiciosa, llena de odio e ignorante que tienen todos los seres humanos se nutre del apego.

El apego a la seguridad material, apego al dinero, apego al trabajo, apego a nuestra identidad, apego a nuestras ideas, apego a las personas que queremos, apego a las adicciones, al entretenimiento, al placer, al reconocimiento, a la validación externa, a la comida, al sexo, al amor, … ¡a tantas y tantas cosas!

El patrón constante y habitual de tu mente es el apego, el cual se manifiesta de dos maneras: apego a lo que deseas y rechazo de lo que no deseas, lo cual genera un enorme sufrimiento.

El apego es un deseo intenso.

Todo empieza con un pequeño deseo, pero cuando ese deseo, lo deseas mucho, se convierte en apego.

Así pues, eres una fábrica de deseos que trabaja ininterrumpidamente, con lo cual, nunca estarás satisfecha.

Una vez hayas satisfecho un deseo, llegará otro, y otro y otro.

Constantemente deseas cosas, y cuando las logras quieres más, y más y más.

  • Cuando tienes un piso pequeño, aspiras a un piso más grande.
  • Cuando tienes un piso grande, deseas una casa.
  • Cuando tienes la casa, deseas un televisor más grande.
  • Cuando tienes un televisor grande, deseas otro más grande con Home Cinema.
  • Cuando tienes el home cinema, quieres suscribirte a Netflix.
  • Cuando tienes Netflix, deseas otro Iphone nuevo.
  • Cuando tienes el nuevo Iphone, deseas un coche nuevo.
  • Cuando tienes el coche, deseas otra cosa.
  • Y así indefinidamente…

¡Nunca se acaba tu infinita lista de deseos!

Enfocar tu vida en “ir cumpliendo deseos”, es decir, en cumplir metas temporales, tiene un gran riesgo.

Cuando has cumplido esa meta, ¿entonces qué?

Cuando querías un televisor nuevo, cuando querías ver toda la temporada de La casa de papel, cuando querías un Iphone nuevo, una casa nueva o un aumento de sueldo… y finalmente lo logras, ¿entonces qué?

¿Puedes asegurar que ya has cumplido tu propósito de vida? ¿Ya estás totalmente plena, en paz y realizada?

No.

De nuevo, vuelves a sentirte vacía, entonces, surge un nuevo deseo, y “vuelves a salir a la caza” de ese nuevo deseo.

Y es en este juego de buscar eternamente las sensaciones agradables y de rechazar las desagradables, en lo que te has entretenido toda tu vida, creyendo que allí encontrarías lo que buscas, pero ya ves que no te ha conducido a la meta final: una vida llena de sentido.

Básicamente, porque como te comentaba más arriba, el sentido de la vida no se encuentra en el logro de metas materiales, superficiales ni temporales, sino en el desarrollo de una vida más profunda, enfocada hacia el interior y la realización de tu ser más existencial.

El sentido no se encuentra buscando fuera, sino dentro de una misma.

Y si esto es así, ¿por qué sigues buscando en el lugar equivocado?

Esto es debido al apego, y es importante que entiendas que el apego es la causa del sufrimiento.

Así pues, para ser feliz, vivir una vida llena de sentido y dejar de sufrir, debes liberarte del apego.

 

Ser verdaderamente feliz implica erradicar el sufrimiento

 

La felicidad es efímera mientras no has logrado la completa purificación y control de tu mente y no has desarrollado plenamente la sabiduría.

Y lo que se deriva de una mente que no está totalmente purificada es sufrimiento.

El término dukkha al que se refería el Buda en el lenguaje pali de su época, puede ser traducido de muchas maneras: sufrimiento, insatisfacción, infelicidad, miseria, dolor físico y emocional…

Tal vez consideres que tú no estás sufriendo, pero seguro que reconoces que en muchos momentos te sientes insatisfecha, viviendo una vida llena de frustración, dolor o infelicidad.

Sea cual sea el término con el que más te identifiques, sí, amiga, clara y rotundamente te digo que tú también estás sufriendo.

Tú y todos los seres humanos sufrimos debido a las impurezas que hemos ido acumulando en nuestra mente, las cuales, tal y como ya he mencionado anteriormente, surgen de tres raíces: la ignorancia, la codicia y el odio.

La ignorancia, hace referencia a la ignorancia de la realidad tal y como es, no de como tú crees que es. Es decir, a la ignorancia de la verdad de que estás sufriendo, de como o porqué estás sufriendo, de como erradicar el sufrimiento y de cual es el camino al fin del sufrimiento. Esto lleva implícito la ignorancia de como funciona tu cuerpo y tu mente, de qué es eso que llamas “yo”.

La codicia se refiere al deseo con apego que dirige nuestras vidas, al constante deseo de disfrutar de sensaciones agradables.

Y el odio hace referencia al rechazo, al patrón habitual de aversión hacia las sensaciones desagradables y dolorosas.

Así pues, sufres debido a la ignorancia, la codicia y el odio que están enraizadas en lo más profundo de tu mente, impurezas que dan lugar a multitud de estados mentales insanos tales como la rabia, la ira, el resentimiento, la negatividad, el miedo, la depresión, la malevolencia, el egocentrismo, la vanidad, los celos, la envidia, etc.

Estas impurezas las tenemos todos los seres humanos del planeta, independientemente de nuestra raza, nacionalidad, sexo, ideología o religión, a menos que hagamos un proceso espiritual profundo de erradicación de las mismas.

¿Y qué ser humano puede afirmar que es libre, feliz y vive una vida llena de propósito con una mente dominada por la ignorancia, la codicia y el odio?

No te diré que no puedas ser feliz sin haber iniciado el camino espiritual, pero seguramente estarás de acuerdo conmigo en que esa supuesta felicidad es efímera.

Tan efímera como lo que dura una película, un viaje, una reunión con los amigos o una velada con la persona que amas.

Hasta que vuelves a enfadarte, a sentir miedo, preocuparte o pase algo que no esperabas y… ¡zas! ¡La felicidad ya se esfumó!

Estos buenos y placenteros momentos pasan rápido.

Tan pronto tu mente vuelve a enredarse en sus pensamientos y en sus estados de ánimo negativos (lo cual es lo más frecuente), te alejas del momento presente, la felicidad desaparece y vuelves a entrar en esa cueva oscura de tu mente de la cual, a veces, cuesta tanto salir.

A veces, dicha felicidad, tarda minutos en volver, a veces tarda horas, a veces tarda días en volver, y a veces tarda incluso semanas o años. O a veces no ha llegado nunca… lo cual es mucho más dramático.

¡Por eso la felicidad y el pleno propósito es una quimera para la mayoría de personas!

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Los momentos de felicidad son efímeros e impermanentes debido al apego.
(Imagen de Atikh Bana para Unsplash).

 

Debes entender algo muy bien: mientras haya impurezas en tu mente, es decir, mientras albergues odio, codicia e ignorancia en tu mente, sufrirás y no serás completamente feliz.

¿Por qué?

Porque tu mente está altamente contaminada y se ve constantemente arrastrada por las impurezas que emergen a la superficie, cual volcán que entra en erupción.

Podrás tener momentos más o menos felices.

Pero tener momentos felices y ser feliz, no es lo mismo, ni mucho menos.

El primero tiene una cualidad temporal, y el segundo una cualidad atemporal.

Ser feliz es el resultado de un arduo, constante, comprometido y titánico trabajo previo realizado, el cual te conduce a un estado mental de felicidad estable y duradera, no condicionada por variables externas.

Por eso, lo que la mayoría de personas siente, son pequeños momentos de felicidad, totalmente efímeros e impermanentes, los cuales ocultan, en realidad, un profundo sabor amargo de infelicidad, de insatisfacción, de sufrimiento y frustración en lo más profundo de su ser.

Es por esta razón que el Buda decía que nuestra naturaleza es inherentemente insatisfactoria mientras no logramos despertar, mientras no alcanzamos la iluminación, pues, a menos que erradiquemos todas las impurezas de nuestra mente (que nos llevan a estados mentales de ira, rabia, resentimiento, miedo, celos, malevolencia, negatividad, arrogancia, nerviosismo…), seguiremos siendo esclavas de ella y jamás gozaremos de paz, armonía y felicidad verdaderas.

¿Y quién es verdaderamente feliz albergando tantas impurezas en su mente y en su corazón?

Absolutamente nadie.

Tal vez ahora empiezas a darte cuenta que encontrar tu propósito de vida implica un proceso de desarrollo espiritual. 

Debido a dichas impurezas mentales, tal y como hemos comentado antes, la gran mayoría de personas orienta su vida en la obtención de logros y objetos materiales, en buscar el placer y satisfacer sus necesidades básicas.

Es decir, el motor de vida de la inmensa mayoría es ir a trabajar para ganar dinero y así poder alimentarse, tener un techo donde dormir, pagar sus facturas y poder realizar actividades de ocio y entretenimiento que les ayude a hacer su vida “un poco más placentera”, después de tantas horas de trabajo y tantos disgustos fortuitos que la vida nos depara.

Sin embargo, debes saber que este modus vivendi no conduce al propósito de vida sublime y elevado al que me refiero y deberías aspirar a alcanzar y experimentar.

¿Por qué todo esto no es un gran PARA QUÉ, no es motivo suficientemente grande para vivir y ser plenamente feliz?

Porque todos estos motivos nacen fruto de tu apego hacia ellos, así pues:

  • Experimentarás placer cuando las cosas te vayan bien, y dolor cuando las cosas vayan mal.
  • Experimentarás placer cuando puedas hacer las cosas que te gustan y experimentarás dolor cuando no puedas hacer las cosas que te gustan.

Vivirás eternamente en la dualidad de la vida, apegándote constantemente a las sensaciones placenteras y huyendo y rechazando las sensaciones dolorosas y desagradables.

¿Pero qué sucede en realidad? ¿Cómo puedes salir de este callejón sin salida?

Debes entender esto:

Todo cuanto existe en el universo es impermanente.

Nada es eterno, fijo y estable para siempre. Vivimos en un mundo donde todo es transitorio y cambiante.

Ni nuestro cuerpo, ni nuestros trabajos, ni las personas que queremos, ni nuestras ideas u opiniones, ni nuestra salud, ni nuestro dinero, ni nuestros objetos materiales, ni nuestra reputación, ni nuestra salud, ni el clima, ni los elementos de la naturaleza, nada, permanecen inalterables.

Todo cambia tarde o temprano. Momento a momento, día a día, año tras año, siglo tras siglo.

La vida tiene momentos bonitos y otros no tan bonitos, momentos donde las cosas van bien y momentos donde las cosas van mal, etapas mejores y etapas peores, situaciones donde las cosas salen como esperamos y otras en las que salen diferente a como esperamos.

Y esto causa sufrimiento.

Cada vez que experimentas sensaciones desagradables y dolorosas, sufres.

Cada vez que sucede algo que no quieres que suceda, o no sucede algo que sí quieres que suceda, sufres.

Así pues, debes darle un sentido a tu vida mucho más elevado, encontrar una razón por la cual vivir más allá de lo impermanente, más allá de lo que está cambiando constantemente, pues, si te apegas a objetos de naturaleza cambiante, sufrirás inevitablemente.

Esto nos lleva a la conclusión de que el verdadero sentido de la vida es ser libres de sufrimiento, lo cual pasa por el desarrollo de la ecuanimidad, la capacidad de mantener el equilibrio mental ante todas las situaciones, sean de la naturaleza que sean.

De esto deducimos que el verdadero propósito de la vida es dejar de sufrir y ser felices de forma estable y duradera, sin estar condicionadas por variables externas.

Para lograr este objetivo, deberías orientar tu vida:

  • A dejar de repetir las causas y condiciones que te causan sufrimiento.
  • A repetir, aprender y cultivar las causas y condiciones que te liberan del sufrimiento.
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Esquema que explica donde debes orientar tu vida para encontrar tu propósito.

Por eso, insisto una y otra vez en que, para vivir tu vida llena de propósito, debes adentrarte en el conocimiento de tu ser espiritual.

Este proceso espiritual implica embarcarse en un proceso de auto-transformación y auto-trascendencia.

Realizar un proceso de auto-transformación implica esforzarse para purificar la mente de todas esas impurezas, es decir, implica trabajar para erradicar de la mente todo el odio, la codicia, la ignorancia, la rabia, el resentimiento, el miedo, la negatividad… y desarrollar las cualidades positivas de nuestra mente que nos llevarán a la verdadera felicidad, es decir, el amor, la compasión, la generosidad, el altruismo, la paciencia, la tolerancia, la humildad, la pureza, la bondad…

La auto-trascendencia implica un proceso de abandono del ego, es decir, el abandono de todo tipo de identidad personal, creencia en un “yo” o la idea de un “yo”, lo cual nos conduce inevitablemente al sufrimiento.

¿Lo entiendes un poquito mejor ahora? ¡Ojalá que sí!

 

Encontrar el proposito de vida implica encontrar el propósito a cada momento de tu vida

 

Vivir una vida con propósito significa que toda tu vida tiene sentido, momento a momento, tanto en los momentos buenos como en los malos, tanto cuando las cosas salen bien, como cuando salen mal.

Es decir, implica que le encuentres el propósito a tu vida cada segundo, minuto, hora y día de tu vida, sea éste agradable o desagradable, doloroso o placentero, te guste más o te guste menos.

Sin embargo, esto es algo que muy pocas personas hacen.

Debido a las impurezas de tu mente y al apego que tanto hemos hablado, insisto en la siguiente verdad:

  • Experimentarás placer cuando las cosas te vayan bien y sean como a ti te gustan.
  • Experimentarás dolor cuando las cosas vayan mal y no sean como a ti te gustan.

Es decir, raramente experimentarás ecuanimidad y paz mental, porque la tendencia natural de tu mente será apegarse a lo que le gusta y rechazar lo que no le gusta, fenómenos que se producen constantemente.

Cuando te gusta solo la cara bonita de la vida y rechazas la otra cara, la menos bonita, ¡dispones de un boleto gratuito al sufrimiento!

Vivirás siempre en esa dualidad de la que te hablaba antes, en una montaña rusa de emociones, que irán de la alegría a la tristeza, del placer al dolor, de la diversión al aburrimiento, de la motivación a la apatía, … ¡y esto no es sino sufrimiento!

Cuando tu vida solo tiene sentido en los buenos momentos y, sin embargo, cuando, en los malos momentos, te sientes mal, deprimida, desesperada, enfadada, irritada… y no eres capaz de encontrarle el sentido incluso a ese momento desagradable o doloroso, entonces tu vida no está dotada de un fuerte propósito de vivir.

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Debes aprender a aceptar la vida tal y como es y tomarte las cosas con más calma para vivir con propósito y feliz, sin que las situaciones te hagan sufrir.
(Imagen de Anthony Tran para Unsplash).

 

 Del mismo modo, no sería correcto que pensaras que tu vida tiene propósito solo en los momentos donde pasan cosas excepcionales, y no le encontraras el sentido a las situaciones de la vida cotidiana más ordinarias.

Así pues, todo tiene sentido, cada momento de la vida, incluso el más ordinario:

  • Barrer o hacer las tareas
  • Hacer la comida
  • Estar enferma
  • Ir a visitar a tus padres o tu abuela
  • Observar la lluvia
  • Coger la ropa del tendedero
  • Ir al banco a pagar una deuda pendiente
  • Etc.

Todo esto tiene sentido, siempre y cuando tú se lo encuentres.

  • El sentido de hacer las tareas de casa es vivir en un hogar limpio, sano y armonioso que te aporte calidad de vida.
  • El sentido de hacer la comida es el de alimentar tu cuerpo y nutrir física y emocionalmente a tu pareja, tu marido, tus hijos, tus padres o seres queridos… lo cual no deja de ser otra expresión de amor.
  • El sentido de estar enferma es entender la impermanencia de la vida. La salud va y viene, y cuando enfermamos, tenemos la oportunidad de aprender a desapegarnos de nuestro cuerpo, lo cual nos libera del sufrimiento.
  • El sentido de ir a visitar a tus padres o tu abuela, es el de cultivar los lazos familiares, regalarles tu tiempo y atención, regalarles tu amor, ofrecerles tu apoyo y hacer lo correcto, mostrándoles gratitud por la vida que te han dado.
  • El sentido de observar la lluvia, o la naturaleza o la pared de tu casa, es aprender a estar en el momento presente, sin hacer nada excepcional. Simplemente ser.
  • El sentido de coger la ropa del tendedero es mantener la ropa limpia, lo cual es imprescindible para una buena higiene, sentirse bien y vivir en armonía.
  • El sentido de ir al banco a pagar un recibo o una deuda es el de hacer lo correcto, lo ético y beneficioso para ti, lo cual es, estar libre de deudas. Esto te aporta paz interior, con lo cual tienes que alegrarte cada vez que saldas una deuda, pues esto es beneficioso para tu equilibrio mental.

Del mismo modo, podríamos reflejar el sentido que tiene cada acto, cada cosa, cada situación, cada momento de nuestra vida. Pero para ello… ¡tienes que desarrollar la actitud correcta de querer encontrarlo!

Encontrarle el propósito a todo, incluso a los momentos más dolorosos o desagradables, sirve a un propósito superior: el de aprender, mejorar, despertar, crecer, evolucionar, progresar en tu camino espiritual, ser mejor persona cada día, entrenar tu mente y liberarte de su esclavitud.

Tan solo concibiendo así la vida, tu vida tiene pleno propósito, pues cualquier situación, cualquier momento o cualquier evento, independientemente de si éste es mejor o peor, agradable o desagradable, placentero o doloroso, lo utilizas como herramienta de progreso y aprendizaje.

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El propósito superior de la vida es aprender y mejorar, incluso en los momentos más difíciles y dolorosos. Sólo así se alcanza la verdadera felicidad y propósito.

 

Te lo voy a explicar mejor a través de un ejemplo.

Imagina que solo sientes que eres feliz y tu vida tiene propósito cuando las cosas te van bien, es decir, cuando ganas el dinero que deseas, cuando la gente te quiere y te respeta, cuando logras el trabajo al que aspirabas, cuando tienes muchos amigos, cuando emprendes un negocio y las cosas te van bien, cuando la relación con tu pareja fluye en armonía…

Así es fácil “estar bien”, ¿verdad? Pero, desgraciadamente, la vida no es así siempre.

Ahora imagina que las cosas empiezan a torcerse.

Muere un ser querido, tienes problemas económicos, tienes discusiones con tu pareja, no tienes una buena relación con tu jefe o compañeros de trabajo, has tenido un escape de agua en casa, te han dado un golpe en el coche y debes llevarlo a reparar al mecánico, te miras al espejo y no te gustas… esto ya no es tan agradable, ¿verdad?

Pero ahora imagina que todas estas situaciones, en vez de verlas como problemas, como algo horrible o desesperante, en vez de rechazarlo, enfadarte o frustrarte… te lo tomaras con calma y como un motor de crecimiento.

Imagina que decidieras enfrentarte a todos estos eventos con ecuanimidad y aceptación. Que lograras mantener la calma mental incluso en los momentos de mayor dolor. Que no reaccionaras con rabia, ira, odio, resentimiento o ansiedad, y pudieras mantener la paz interior hasta que solucionas el problema, o, en el caso que no tenga solución, hasta que vuelvas a encontrar tu centro y tu equilibrio.

Por propia experiencia puedo decirte que éste es el verdadero propósito de vida: cuando tomas la fuerte determinación de aprender de cada situación de la vida y utilizarla como herramienta para elevar, purificar y transformar tu mente, para abandonar tus apegos, para dejar de reaccionar, para ser mejor persona y dar un paso más adelante, hacia la meta final, la liberación absoluta de tu ser.

Este cambio de chip en tu manera de enfrentarte a la vida se produce cuando finalmente has comprendido que, gracias a estos momentos de sufrimiento, tienes la oportunidad de cambiar. 

Es decir, has entendido que tu infelicidad, frustración y sufrimiento se debe a unas causas concretas que tú misma has creado, y comprendes que, para dejar de sufrir y ser feliz, debes dejar de repetir el mismo patrón.

Por ello, cuando las cosas no son como tú esperas, en vez de lamentarte por ello, enfadarte, victimizarte o deprimirte, utilizas esas oportunidades como motor de cambio, para liberarte del patrón erróneo que te ha llevado a todo ese montón de sufrimiento.

Y esto no es nada más ni nada menos que el resultado de un progreso en el camino espiritual.

 

Encontrar el propósito de vida implica enfocar tu vida en servir a los demás, más que en servir a tus propios intereses

 

Encontrar el propósito de vida centrándote en servir únicamente tus intereses personales y egoístas, es totalmente imposible, básicamente porque solo podemos vivir el pleno propósito de vida cuando hemos abandonado nuestro ego, o, al menos, parcialmente.

El ego se nutre de la creencia en un “yo” que le lleva a identificarse con su cuerpo, con sus pensamientos, ideas, opiniones, objetos materiales, status, reconocimiento profesional, imagen física que proyecta de sí mismo al mundo, y muchos otros elementos más.

Así pues, el ego hará todo lo posible por defender eso que él considera como “suyo”, y de dicha identificación nacen una infinidad de sentimientos posesivos que provienen del apego: “mi coche”, “mis ideas”, “mi dinero”, “mi novio”, “mi país”, “mi idioma”, “mi religión”, “mi perro”, “mi trabajo”, “mis padres”.

De ahí surge el odio, la codicia y la ignorancia: de la creencia en un “yo” o ego que es causa de todo tu sufrimiento.

Así pues, para encontrar tu propósito de vida, deberás embarcarte sí o sí, en el camino del despertar espiritual, el cual se va materializando con el abandono progresivo del ego.

Este abandono del ego se va reflejando lentamente en un cambio de orientación, donde pasas del “yo” al “nosotros”. Donde dejas de vivir tan centrada en ti misma y pasas a vivir más conscientemente, más altruistamente, preocupándote más de los demás, y menos de ti.

De este modo, empezarás a hacerte nuevas preguntas tales como:

  • ¿Qué es mejor para todos?
  • ¿Cómo puedo aportar más valor a mis seres queridos, a la gente de mi entorno y a la sociedad en general?
  • ¿Qué anhelan todos los seres vivos y cómo puedo contribuir yo a su felicidad y bienestar?
  • ¿Cómo puedo contribuir para aliviar el sufrimiento en el planeta?
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El propósito de vida se produce cuando cambias la orientación del «yo» al «nosotros» y enfocas todo tu esfuerzo y ayuda para contribuir al bien de todos.

 

Cuando servimos nuestros propios intereses nos volvemos egoístas, codiciosos, ruines, resentidos, quejosos, negativos, iracundos… en cambio, cuando servimos a los demás, desarrollamos el amor, la compasión, el altruismo, la tolerancia, la generosidad, la solidaridad… en definitiva, las cualidades que nos harán ser felices.

La felicidad de los demás, se convertirá en tu felicidad. El bienestar de los demás, será tu bienestar. Harás del bien común, tu motor de vida, y no dejarás de trabajar y esforzarte mientras haya un solo ser vivo en el mundo que esté sufriendo.

Así pues, no podremos disfrutar de la maravilla de vivir con pleno propósito, a menos que nos centremos en servir a los demás.

Esto puede hacerse de múltiples maneras y concretándose en múltiples formas de ayuda, pero lo esencial es que entiendas que debe haber una preocupación sincera y pura por el bienestar del otro, y una renuncia comprometida con la satisfacción inmediata de todos tus deseos e intereses egoístas, por encima y a toda costa, del bienestar de los demás.

 

El propósito último de la vida: alcanzar la iluminación

 

Tal vez esto te suene a chino, lo entiendo, pero mi misión es ampliar tu campo de conocimiento y percepción más allá de lo que conoces ahora.

Por eso, debo decirte algo que cambió mi vida radicalmente en el momento en que tomé consciencia de ello: el propósito último de la vida es alcanzar la iluminación.

Tal y como ya te he ido contando a lo largo de este post, mientras haya impurezas, habrá apego; mientras haya apego, habrá sufrimiento; mientras haya sufrimiento, no serás plena y verdaderamente feliz.

Así pues, debes trabajar para erradicar completamente de las profundidades de tu mente la causa de tu sufrimiento, y este proceso, culmina con la iluminación espiritual.

El camino del despertar se recorre gradualmente y por etapas. Cuanto más progresas en el camino, más impurezas erradicas y más feliz eres. Pero hasta que no se realiza la Verdad última, hasta que no has comprendido la realidad tal y como es y se ha erradicado hasta el último rastro de sufrimiento, hasta que la mente no está totalmente limpia, inmaculada y cristalina, libre de toda contaminación, libre de todo odio, codicia e ignorancia, el proceso no habrá acabado y, en mayor o menor grado, seguirás sufriendo.

Por este motivo, no deberías conformarte con “estar bien” o “mejorar un poquito”, pues la vida es demasiado larga como para vivirla sufriendo.

No te diré que alcanzar la meta de la iluminación espiritual sea fácil, ni mucho menos. Hay personas que trabajan con diligencia, esfuerzo y compromiso absoluto y llegan a iluminarse en esta misma vida (esto lo logran una pequeña pequeñísima minoría de personas), y hay otras que, siendo tan ignorantes, desconociendo tanto el camino hacia la liberación, no esforzándose lo suficiente y dejándose arrastrar constantemente por sus impurezas, no lo logran ni en miles de vidas.

La clave está en que entiendas bien porqué deberías aspirar a tan elevada meta, que te pongas manos a la obra y tomes la fuerte determinación de no rendirte hasta que hayas eliminado hasta la última traza de sufrimiento de tu ser.

¡Solo así vivirás una vida totalmente plena, sublime y llena de propósito!

El propósito será doble: recorrer el camino hacia la iluminación, y cuando el fruto esté maduro, alcanzar la meta final.

Durante este camino de progreso espiritual, suceda lo que suceda, ocurra lo que ocurra, sea más agradable o menos, tal y como te decía unos párrafos más arriba, tu vida tendrá pleno propósito porque, momento a momento, tú se lo darás, ¿y qué mayor propósito hay en la vida que alcanzar la iluminación y dedicarte en cuerpo y alma a ello?

Después de alcanzar tan elevada y noble meta, ya no quedará nada, simplemente disfrutar del nirvana.

Por esta razón, todo el esfuerzo merece la pena.

 

Pequeños propósitos que conducen al propósito de vida final

 

El propósito de vida no se alcanza en un solo paso o en una sola tirada de dados. Es más un progreso gradual que se va desenvolviendo poco a poco, momento a momento, hasta que culmina en un resultado concreto, que otra cosa.

Pero vamos a ver qué quiero decir con esto un poco más detalladamente.

 

Sub-propósitos que conducen al propósito final

 

El propósito de vida final es el Perfecto despertar o Iluminación espiritual, pues tan solo erradicando completamente el sufrimiento, seremos felices de verdad. Sin embargo, para llegar a ese propósito final, es necesario ir cumpliendo, a lo largo del camino, muchos otros “pequeños propósitos” que nos van acercando, paso a paso, a la meta final.

Te voy a poner un ejemplo para que lo entiendas.

Imagina que tu propósito es construirte una bonita casa rústica de madera en la naturaleza para vivir allí la vida que deseas.

Desde que surge la idea en tu mente hasta que has logrado esa casa de tus sueños, tienen que producirse muchas circunstancias y debes llevar a cabo muchos pasos previos, tales como:

  • Mirar revistas e ideas para concretar mejor qué tipo de casa quieres
  • Elegir el lugar donde quieres construir la casa
  • Mirar terrenos
  • Comprar el terreno
  • Pedir la hipoteca o reunir el dinero que necesitas para dar la entrada
  • Buscar un arquitecto
  • Diseñar los planos
  • Buscar paleta, lampista, fontanero, jardinero…
  • Construir los cimientos de la casa
  • Levantar los pisos
  • Poner el suelo
  • Poner las ventanas
  • Comprar e instalar los electrodomésticos
  • Decorar la casa
  • Etc.

Tal y como ves, cada uno de los “sub-propósitos” o “pequeños propósitos” son necesarios para lograr el propósito final.

El propósito final es más grande, y se nutre del cumplimiento de propósitos “más pequeños”, para ir progresando hacia tu objetivo. Se entiende, ¿verdad?

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Cada momento o cada acción, por pequeño y cotidiano que sea, contribuye a disfrutar de tu propósito de vida, como puede ser, por ejemplo, compartir una tarde de jardinería en familia.
(Imagen de Anna Earl para Unsplash)

Bien, ¿y cómo relacionamos esto con la realización del propósito de vida desde la perspectiva en la que lo estamos desarrollando a lo largo de este post?

Te lo cuento.

El propósito final es alcanzar la iluminación espiritual y ser plenamente libre y feliz, y los sub-propósitos que podrías tener a lo largo de tu vida, podrían ser, por ejemplo:

  • Formar una familia
  • Mudarte a una casa nueva
  • Aprender a vivir en el momento presente
  • Pasear cada día a tu perro
  • Hacer un retiro de meditación
  • Estudiar una carrera
  • Emprender un negocio
  • Tener un hijo
  • Dedicarte a la crianza de tu hijo
  • Disfrutar de momentos de soledad y silencio

Y también:

  • Superar una depresión o un cáncer
  • Cuidar de tus padres que ya están mayores o enfermos
  • Superar el trauma debido a un accidente de coche
  • Saldar deudas económicas
  • Acompañar a un familiar que está pasando un mal momento

Cumplir con éxito todos los “pequeños propósitos de la vida”, sean éstos más agradables o desagradables, placenteros o dolorosos, enfrentándote a ellos con la actitud y mentalidad adecuada, será vital para alcanzar el propósito de vida final.

Además, debes recordar que el propósito de vida no hace referencia únicamente al ámbito profesional.

Por ello, deberás esforzarte para “sacar nota” en todos los ámbitos de la vida, haciendo únicamente lo correcto, lo ético, lo beneficioso y conducente al progreso, al desarrollo, a la satisfacción y el pleno sentido en todas las áreas de tu vida: personal, familiar, pareja, estilo de vida…

De esto se deriva que, el propósito final de vivir una vida llena de sentido y felicidad, no la alcanzarás cumpliendo únicamente “metas espirituales”, sino realizándote en todas las áreas de tu vida, es decir, cumpliendo algunos sub-propósitos que sean importantes para ti, (como por ejemplo podrían ser formar una familia, tener un hijo, formar una relación de pareja sólida y honesta o formarte en aquello a lo que quieres dedicarte), pero también, cumpliendo con éxito tu propósito en los momentos más duros y difíciles, como por ejemplo, cuando te enfrentas a una enfermedad o a la muerte de seres queridos.

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Cada momento de la vida contiene un «pequeño propósito» que contribuye a alcanzar el propósito final de ser feliz y vivir una vida llena de sentido.

 

Llamo propósito al cumplimiento con éxito incluso de los momentos más difíciles o a la aceptación de tu responsabilidad en cada momento de la vida, pues no se puede ser feliz y vivir en paz, si no haces lo correcto, si no ocupas el lugar correcto en el momento correcto, o, dicho de otra manera, si te evades de tus responsabilidades.

Mantener la paz, el equilibrio y el bienestar en cada etapa y momento de la vida, aprendiendo las lecciones que se deben aprender, desarrollando la actitud correcta, actuando con nobleza y grandeza, con amor, sabiduría y compasión, te ayudará a ir progresando en las diferentes etapas de la vida y acercándote a tu propósito.

Y hay algo muy importante que debes entender:

El propósito está en la misma medida cuando vas a tirar la basura o cuando escribes un libro. Cuando limpias tu casa o cuando cooperas con una ONG.

No es más heroico lo extraordinario, ni más insignificante lo ordinario.

Todo lo que hagas viviendo en el momento presente, desde el amor, renunciando a tu ego y en pos del bien común, estará lleno de propósito, y esto puede darse en los momentos más simples y cotidianos, como en los más extraordinarios e increíbles.

El océano se forma de miles y millones de gotas de agua. Y del mismo modo, el propósito se alcanza mediante la consumación de micro-propósitos, sostenidos a lo largo del tiempo.

 

Propósitos temporales que conducen al propósito eterno y atemporal

 

Quiero puntualizar algo que es importante que entiendas.

Cuando digo que el propósito final de la vida es alcanzar la iluminación, esto es así, porque después de ese logro, ya no hay ningún logro más elevado y supra-mundano que ese.

La Iluminación es la cúspide de la realización humana, existencial y espiritual que cualquier persona puede alcanzar.

En este post no voy a entrar en detalles acerca de lo que es la iluminación espiritual, porque no procedería, pero, muy brevemente, quiero señalarte que la iluminación es el estado de purificación mental más elevado, lo cual es equivalente a convertirte en una persona santa, totalmente pura, sabia, ecuánime, compasiva, amorosa y libre de todo sufrimiento.

La persona que alcanza la iluminación está más allá de la vida y la muerte, lo cual quiere decir que, una vez muera su cuerpo físico, ésta será su última vida, es decir, ya no habrá más renacimientos.

El ciclo repetitivo de existencias, también llamado samsara, se origina debido a la ignorancia, por eso, cualquier renacimiento, sea en el plano que sea, siempre implicará un grado mayor o menor de sufrimiento.

El logro de la iluminación, es un estado irreversible, permanente, eterno y atemporal, y, una vez se logra el nirvana, es para siempre.

Sin embargo, todos los demás fenómenos condicionados en el mundo que no son el logro del nirvana o la iluminación, son impermanentes y temporales.

La felicidad puede durar más o menos, pero tarde o temprano vuelves a experimentar sufrimiento.

La abundancia económica, puede durar más o menos, pero tarde o temprano tendrás problemas económicos.

La salud puede durar más o menos, pero tarde o temprano, enfermarás.

Es la Ley de la Impermanencia la que rige el universo y por la cual se ven afectadas todas las personas que no han alcanzado la iluminación final.

Sin embargo, una vez alcanzas la iluminación, estás más allá de la mente y de la materia, dejas de regirte por las leyes naturales que rigen el universo, dejas de estar afectada por la Ley de Causa y efecto, dejas de sufrir, ya nada ni nadie puede corromper tu estado de perfecta paz. Se acabaron los renacimientos y los infinitos ciclos de placer y dolor, alegría y tristeza, éxito y fracaso,… es decir, el mundo dual al que estamos sujetos mientras nuestro despertar no ha alcanzado la cúspide de la sabiduría.

Por eso digo que hay propósitos temporales (en el tiempo), como puede ser tener un hijo, estudiar una carrera o hacer un retiro de meditación, que conducen a un propósito eterno y atemporal: la iluminación.

Éste es el logro de todos los logros. El logro que, una vez lo alcanzas, ya nada ni nadie te lo puede arrebatar.

Éste es el verdadero propósito de vida, al menos para mí y para muchos otros santos y seres iluminados que sabían que ningún estado es más sublime y elevado, y está dotado de mayor propósito que el de alcanzar la iluminación.

 

Como opera la Ley de Causa y Efecto en la realización de tu propósito de vida

 

¿Por qué unas personas son felices y tienen un propósito de vida y otras no?

¿Por qué a unas “la vida les va bien” y a otras “la vida les va mal”?

¿Por qué unas sufren y otras no sufren?

Esto lo entenderás perfectamente cuando entiendas como opera la Ley de causa y efecto.

La ley de causa y efecto hace referencia a la idea de que toda acción provoca una reacción, una consecuencia o resultado.

Es decir, cuando sucede A (causa), como consecuencia se produce B (efecto).

Esta noción, tiene su contraparte: todo efecto está causado por una acción previa.

Vamos a ver qué quiere decir esto.

Una causa (acción o fenómeno natural) puede tener muchos efectos. Cuando sucede A (causa), suceden B1, B2, B3 (efectos).

Por ejemplo, si meditas diariamente (causa A), estás más tranquila, aprendes a discernir la realidad, desarrollas el control de tu mente, etc. (causas B1, B2, B3).

Por otro lado, un fenómeno puede tener muchas causas. Cuando sucede B (efecto), se debe a que sucedieron A1, A2, A3 (causas).

Por ejemplo, te sientes más tranquila (efecto B), debido a que meditas regularmente, duermes más horas y cierras pantallas al menos 2 horas antes de irte a dormir (causas A1, A2, A3).

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Según la Ley de Causa y efecto, para encontrar tu propósito de vida debes crear las causas que te lleven al resultado que deseas.

 

¿Qué tiene que ver esto con el propósito de vida?

¡Pues mucho!

Si has entendido bien lo que te acabo de contar, comprenderás que encontrar tu propósito de vida es un efecto que se produce, solo si tienen lugar las causas oportunas.

Así pues, si practicas lo que te he ido contando a lo largo de este post, es decir, si te comprometes con tu camino espiritual, si observas como funciona tu mente para conocerte a ti misma, si meditas para purificar tu mente de impurezas, si abandonas el odio, la codicia y la ignorancia, etc. (lo cual serían las causas), como resultado, serás más feliz, te enfocarás en metas menos materialistas, servirás más a otros y realizarás tu propósito de vida (lo cual serían las consecuencias).

Así pues, encontrar y realizar tu propósito de vida no es cuestión de suerte ni azar, es el resultado de las decisiones que tomas.

Tú siempre vas a poder elegir entre meditar o no meditar, entre odiar o amar, entre ayudar a otros o ser egoísta, entre enfadarte o ser tolerante y perdonar, entre prestar más atención a tu mente y tus pensamientos o vivir distraída, entre perseguir metas materiales o metas espirituales… y dependiendo de tus elecciones, de la dirección que sigas y de tu esfuerzo, ¡así será tu vida!

La Ley de causa y efecto es la Ley del Karma, es la Ley de la naturaleza que determina qué resultados obtenemos (o merecemos) según hayan sido nuestras acciones previas.

La naturaleza es siempre justa, y obtenemos aquello que hemos cultivado. Dicho de otra manera, según sea la semilla, así será el fruto, o, según la semilla que plantes, ese fruto cosecharás.

Por ello, debes ser muy consciente en todo momento de lo que haces, dices, piensas y sientes, para asegurarte que, cada paso de tu vida, te está llevando al lugar que deseas, y no, en dirección contraria.

 

¿Cómo puedes encontrar tu propósito de vida?

 

5.1. Progresando en tu camino espiritual

 

En ese punto no me voy a extender más.

Con todo lo que te he contado, creo que está claro que progresar en el camino espiritual es algo ineludible, inexcusable e imprescindible si deseas encontrar tu propósito de vida.

 

5.2. Siguiendo tu intuición

 

Pon mucha atención a esto que voy a contarte ahora pues voy a revelarte “mi secreto”, o, al menos, el secreto de como a mí se me reveló el propósito de vida.

Encontrar tu propósito de vida, o realizarlo, no es algo que sea de naturaleza intelectual, es decir, no nace en forma de mero pensamiento, tal como: “yo quiero ser escritor” o “yo quiero ser bailarina” y, de hoy para mañana, ya lo tengo todo clarísimo y me lanzo a una carrera de vida y profesional, poniendo en ello, toda la carne en el asador.

Puede haber casos en que sí, no diré que no, pero normalmente la idea del propósito, o el fuerte sentir acerca de: ¿a qué quiero dedicarme y qué quiero hacer con mi vida? ¿qué es eso que realmente da sentido a mi vida y por lo cual estaría dispuesta a darlo todo? no es una respuesta que se halle tan fácilmente.

Encontrar tu propósito de vida es mucho más un sentir, una revelación, un momento eureka o momento “ajá”, donde, de forma intuitiva, misteriosa y totalmente conectada al corazón, sientes una fuerza muy poderosa en tu interior que te guía en una dirección, que te dice que eso es lo que tú has venido a hacer.

Insisto, no es algo de naturaleza intelectual, por eso, los mecanismos de pensamiento, razonamiento y análisis habituales no funcionan para encontrar el propósito de vida, porque el propósito es algo que se siente, no es algo que se piensa.

El gran obstáculo estriba en la increíble dificultad que la gran mayoría de personas tienen para sentir.

Y no hablo de sentir de forma emotiva, sino sentir de forma intuitiva, algo que está totalmente fuera de alcance para muchas personas que se rigen por procesos mentales totalmente racionales, automáticos y mecanizados, viéndose privadas, así, de la gran magia de ser, de dirigir sus vidas desde el amor, desde la presencia y la escucha atenta, desde la atención a sus cuerpos y sus sensaciones, penetrando en el conocimiento sabio de la realidad, obteniendo así, la revelación del gran misterio de sus vidas y de su existencia.

La gran mayoría de personas, cuando se ven acosadas y desoladas por esa dolorosa sensación de vacío interior que produce el no saber cuál es tu propósito de vida, empiezan a hacer “cosas” para encontrar su propósito de vida.

Así, empiezan a hacer tests, a leer posts en redes sociales, a hacer su Ikigai, a leer libros o hacer cursos… con la finalidad de descubrir cual es el sentido de sus vidas, pero mi propia experiencia me enseñó que no es así como se descubre el propósito de vida.

Si fuera tan fácil descubrirlo, simplemente respondiendo “algunas preguntitas” o buscando inspiración en cursos o libros, ¡todo el mundo sabría cual es su propósito! Sin embargo, la gran mayoría de personas no lo sabe y vive sin un fuerte propósito de vida.

El problema que reside en esta manera de buscar el propósito es que, a menudo, las personas quieren encontrar su propósito de vida de la forma más fácil, más rápida y que requiera el menor esfuerzo, lo cual les lleva a embarcarse en proyectos, formaciones y objetivos que les lleva a dejar de dedicarse con cuidado, atención, persistencia y compromiso a dar los pasos que deben darse para ir progresando en el camino espiritual.

Buscan el propósito como si fuera “una cosa o un objeto”, sin saber que el propósito es el resultado de una transformación interior.

Por ello, salen a la búsqueda y captura de la meta más elevada de la realización espiritual buscando en “lugares” donde no está el objeto deseado, persiguiendo objetivos materiales, de creación de identidades (alimentando su ego), de búsqueda del éxito, la fama y el reconocimiento, lo cual es justamente el camino contrario hacia el verdadero propósito de vida.

No olvides que el propósito es un asunto espiritual, no mental ni intelectual.

Así pues, el propósito, tan solo podrás encontrarlo zambulléndote en el camino espiritual de autoconocimiento y autorrealización, no meramente mediante formas y métodos “rápidos y fáciles” como los que te comentaba ahora, los cuales, a menudo, pretenden llegar a la meta saltándose los aprendizajes y lecciones que deben aprenderse en el camino y son los que, justamente, van conduciéndote paso a paso, al descubrimiento final.

Para ir avanzando paso a paso, debes asegurarte de que estás muy conectada a ti misma mediante el desarrollo de tu intuición, pues gracias a ello, irás escuchando las pistas que debes seguir y te irán acercando a la meta.

 

Sigue las “pistas” hasta que te llegue la gran revelación

 

Acorde con mi propia experiencia, encontrar el propósito de vida es como seguir un juego de pistas para encontrar el tesoro escondido.

Imagínate un juego de mesa, con su tablero, las casillas, las fichas, los dados…

Partes de la casilla 0, y tienes que llegar hasta la casilla final: el tesoro escondido.

Cada casilla que avanzas, es un paso más que has dado para llegar a la meta, es decir, para encontrar el tesoro escondido y “ganar el juego”.

Pero claro, ¿verdad que no vas de la casilla 0 a la casilla de llegada en una sola tirada?

Pues del mismo modo, no encontrarás tu propósito leyendo un libro, haciendo un test, tu ikigai o un curso (lo cual podrías hacerlo en una tarde o una semana).

No.

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Encontrar tu propósito de vida es como encontrar el tesoro escondido, y para llegar a él, tendrás que seguir las pistas que tu intuición te irá dejando…

El camino no es tan fácil, y no siempre es en línea recta. Tiene sus dificultades, sus peligros, sus trampas y casillas donde, cuando caes, “te quedas atrapada”, estás un turno o tres turnos sin jugar, y cuando te vuelve a tocar, sigues jugando.

En el juego, avanzas las casillas que te corresponda, dependiendo de lo que saques en los dados. Por decirlo de alguna manera, no tienes que comerte demasiado la cabeza, pues los números que salen al azar, te indican cuanto avanzas.

Pero en la vida y en la búsqueda del propósito no es tan fácil ni es un juego tan mental, ni de azar, y como te decía antes, es la intuición el motor que te ayuda a ir avanzando de una casilla a la siguiente.

¿Cómo te ayuda la intuición a saber qué pasos debes dar?

Mediante un sentimiento fuerte y poderoso de “quiero hacer esto” o “debo hacer tal cosa”, “debo llamar a tal persona”, “creo que este libro tiene algo que decirme”.

Todo no valdrá, todo no será super-mega-relevante ni tendrá un impacto directo en tu vida, pero si utilizas tu capacidad de reflexionar, irás “reajustando” tus decisiones y movimientos en la vida, chequeando de forma constante en tu interior, si sientes que estás yendo en la dirección correcta y el camino que estás siguiendo te hace sentir bien y feliz, o si de lo contrario, sientes que te estás alejando y no te sientes bien ni feliz con las decisiones que vas tomando.

La intuición es esa voz interior que te habla, y tú, aunque no sepas porqué, o, aunque sea una idea loca e inverosímil, sabes que debes hacerlo.

La intuición es como el GPS de tu interior que te va marcando la dirección hacia la cual debes ir diciéndote cosas como por ejemplo: “sigue recto”, “espera”, “gira a la derecha”, “no corras tanto”, “vete un tiempo a la naturaleza”, “cambia de trabajo”, “no te fíes de esta persona”…

¿Entiendes?

En la visión global del juego, avanzar una casilla, no significa que hayas ganado el juego, ni tan siquiera, que hayas encontrado el tesoro.

Del mismo modo, cada vez que das un paso en tu vida, por ejemplo, estudiando algo, realizando un viaje, conociendo a una persona que te enseña algo valioso, formando parte de un proyecto determinado, aprendiendo un idioma, una habilidad, a meditar, leyendo un libro revelador… no has llegado, todavía, a la meta final.

Todavía te quedan muchos pasos por dar, muchas experiencias por vivir y muchos aprendizajes que realizar antes de encontrar tu propósito de vida, pese a que, sin darte cuenta, cada paso que das, estás un paso más cerca.

A lo largo de tu jornada espiritual, si recorres el camino tal y como yo te estoy contando a lo largo de este post, con pureza, entrega y determinación para conocerte a ti misma, irás acumulando aprendizajes valiosos que irán formando parte de “tu curriculum de vida”.

Irá pasando el tiempo, y cada vez tendrás más claro quien eres y quién no eres, qué quieres y qué no quieres, hacia dónde quieres ir y hacia donde no, de qué personas quieres rodearte y de quienes no, qué estilo de vida te hace feliz y cual no… y será gracias a este autoconocimiento y este desarrollo espiritual, que cada vez estarás más y más cerca de lograr la meta final, de encontrar el gran tesoro escondido: tu propósito de vida.

Ese propósito de vida se presenta, una vez más en forma de intuición, en forma de revelación.

Es como sí, de repente, un día, todas las piezas en el puzzle encajan. Comprenderás a la perfección el guión magistral que has ido recorriendo a lo largo de tu vida y te ha traído hasta ese momento presente: esa comprensión de quien eres y qué da sentido a tu vida.

De entre las miles de posibilidades existentes, sentirás cual es la tuya. De entre los miles de caminos posibles, sabrás cual es el tuyo, y lo sentirás con tanta fuerza, que te lanzarás a por ello sin dudarlo ni un instante, sin miedo.

Cuando una encuentra su propósito no duda ni vacila, pues no es un pensamiento que viene del ego, sino una comprensión que viene desde lo más profundo de tu ser.

Tan solo pensar en ello y sentirlo, hará que todo tu ser vibre, se estremezca, se colme de gozo y alegría, pues nada, absolutamente nada en el mundo, te hace más feliz que entregar tu vida a realizar ese propósito que tanto tiempo estuviste buscando y finalmente comprendiste cual es.

Así pues, baja el ritmo de vida, afina la escucha de tu ser interior, vive más lentamente… ¡y sigue las pistas que tu ser te irá mostrando!

 

¿Qué te aleja de tu propósito de vida?

 

Si estás leyendo este post significa que estás interesada en encontrar tu propósito de vida, pero todavía no lo has encontrado.

Tal vez te estarás preguntando: ¿Por qué no he encontrado mi propósito? ¿Qué estoy haciendo mal?

Encontrar el propósito de vida equivale a despertar, pues ambos resultados, están íntimamente relacionados.

Así pues, para encontrar tu propósito deberías hacer todo aquello que te ayuda a despertar y vivir de forma más consciente, y deberías abandonar todo aquello que te mantiene en la ignorancia, viviendo de forma inconsciente y en piloto automático.

En líneas generales, esto es lo que te aleja del propósito de vida:

  • Vivir de forma consumista y materialista, es decir, buscando constantemente el placer y el entretenimiento.
  • Llevar un estilo de vida mundano, acelerado, con estrés, en detrimento de una vida más lenta, consciente, relajada y espiritual.
  • Estar demasiado orientada hacia el exterior, hacia las relaciones sociales y la búsqueda de una identidad social, lo cual te aleja del silencio, del contacto íntimo con tu ser, de la reflexión e introspección internas.
  • Llevar una vida que no te hace feliz y no hacer nada para cambiar, no dedicar suficiente tiempo y energía a ello. No dedicar tiempo a hacer cosas que amas, te benefician y te hacen sentir bien.
  • No tener claras tus prioridades, o dar prioridad a asuntos que no son los que te dirigen a tu propósito de vida.
  • No disponer de una coach o mentora espiritual que te ayude a conocerte a ti misma y guiarte en tu camino del despertar.
  • Sentir apego a tu propósito de vida. Cuanto más te apegues, peor será. En el camino espiritual tan solo podemos progresar cuando estamos en el momento presente. Si no aceptas la realidad tal y como es, momento a momento, sufrirás mucho y tu propósito de vida siempre será un bonito sueño que nunca llega.
  • Tener ansia y prisa para encontrar tu propósito. Esto hará que quieras correr más de lo debido, que busques “soluciones rápidas y fáciles” e intentes poner parches que alivien tu dolor existencial, pero, desgraciadamente, esto no te llevará al lugar que deseas. Para encontrar el propósito debes quitarte la prisa de encima y estar dispuesta a aprender cada lección de vida que se te presente, lleve el tiempo que lleve.
  • Buscar la seguridad económica y material por encima de todo. Si tu mayor obsesión es el dinero y la seguridad material, siempre priorizarás aquello que es más rentable económicamente, no necesariamente lo que te haga más feliz. O harás algo que te gusta, pero no con la pureza y nobleza necesarias, con lo cual, la codicia siempre estará presente. Esto te alejará del propósito, pues no harás algo pensando primeramente en ayudar a los demás, sino en servir tus propios intereses.
  • No entregarte al 100% al camino espiritual. Querer resultados sin estar dispuesta a realizar un camino de auto-transformación y abandono del ego a nivel profundo, jamás te llevará al propósito. Así pues, primeramente, debes entregarte al camino espiritual, estar dispuesta a bajar a las catatumbas de tu mente y tu ser, enfrentarte a todos tus demonios internos, pasar por un proceso de purificación mental profundo, hacer un esfuerzo titánico para domar tu mente a través de la meditación, realizar un cambio en tu estilo de vida para vivir más saludablemente y alineada con tus valores… y así, empezarás a estar creando las condiciones que te acercarán a tu propósito. No de otra manera.
un-estilo-de-vida-consumista-aleja-el-proposito-de-vida

Un estilo de vida consumista, materialista, lleno de prisas y estrés impide vivir una vida llena de propósito.

 

¿Qué consecuencias tiene vivir sin un propósito de vida?

 

Creo que con todo lo que te he contado a lo largo de este post queda patente que vivir sin un propósito de vida es algo realmente dramático y preocupante.

A lo largo de mi carrera profesional como coach y mentora del despertar han acudido a mí infinidad de personas preocupadas y desesperadas porque no han encontrado su propósito de vida.

En base a todo lo que han llegado a compartir conmigo, he hecho un resumen de lo que se siente cuando alguien anhela encontrar su propósito, y, sin embargo, no lo ha encontrado:

  • Vacío profundo
  • Sensación de estar perdida, sin saber qué camino elegir
  • Falta de sentido a la vida, falta “algo” que no sabes que es
  • Infelicidad
  • Frustración
  • Insatisfacción crónica ante la vida
  • Crisis existencial, vida gris que no te llena
  • Tristeza
  • Falta de energía
  • Miedo
  • Angustia
  • Incertidumbre
  • Muchas dudas e inseguridad
  • Bloqueo e incapacidad para avanzar
  • Sensación de estar atrapada, como en un laberinto sin salida o una jaula
  • No terminar de enfocarse en nada concreto
  • Sensación de estar incompleta
  • Falta de libertad
  • Falta de paz, inquietud y nerviosismo
  • Frustración por no haber cumplido tu sueño
  • No te conoces a ti misma, no sabes quien eres, sentimiento de inferioridad
  • Etc.

Queda claro que no tener un propósito de vida tiene un peaje muy elevado, ¿verdad?

Para que tú no te sientas así, espero y deseo que trabajes profundamente para lograr vivir una vida llena de sentido, con tanto sentido como la que vivo yo.

 

¡Tu propósito te espera!

 

Por mucho que te haya contado con todo lujo de detalles cual es el propósito de vida, en este preciso instante, tu vida es igual que antes de haber empezado a leer este post.

Espero que te haya servido de gran ayuda e inspiración, sin embargo, de nada servirá si ahora no haces tu parte: ¡practicar, practicar y practicar!

Por esta razón, te animo a que te pongas las pilas y empieces a recorrer el camino del despertar espiritual que te acercará a tu propósito, y que lo hagas con la actitud correcta, con entrega, entusiasmo, determinación, constancia y paciencia.

Tu propósito de vida te está esperando, pero de nada servirá si tú no lo realizas en tu interior, si no lo sientes vibrar por cada poro de tu piel, si no te estremeces de gozo y felicidad sabiendo que, finalmente, comprendiste el sentido de tu vida y porqué estás aquí.

Querida buscadora de la verdad, deseo de todo corazón que progreses a lo largo de este apasionante y maravilloso camino y que disfrutes de la dulce y deliciosa miel que se saborea cuando vives llena de propósito.

Si necesitas mi ayuda, ya sabes que estoy aquí.

¡Un fuerte abrazo con todo mi amor!

Con cariño,

Firma Cintia

 

¡Déjame un comentario!

¿Qué te ha parecido este post? ¿Te ha ayudado a entender qué es el propósito de vida y cómo puedes encontrarlo? ¿Cuál es la idea más relevante con la que te quedas?

Descubre

A través del primer capítulo de mi libro “Sí a la Verdad”, cómo iniciar el camino hacia el despertar espiritual y encontrar el sentido de tu vida.

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